INVOCACIÓN AL APÓSTOL SANTIAGO
Deseo agradecer al Ilmo. Sr. Deán de la catedral y a D. Jenaro Cebrián, responsable de peregrinaciones, la oportunidad que nos ha permitido realizar este acto de hermanamiento entre esta iglesia compostelana y la parroquia de Santiago apóstol, de Santiago de la Ribera.
Apóstol Santiago:
Somos un grupo de cincuenta y cinco personas
que venimos de una zona lejana de España, de Murcia.
Claro, que tú no te extrañarás de las personas que vienen a verte
desde lugares lejanos.
Más en concreto, venimos de un pueblo
que, desde el primer día de su nacimiento,
lleva, con orgullo tu mismo nombre.
Venimos de Santiago de la Ribera
Ribera porque nuestro pueblo está bañado
por las cálidas aguas del Mar Menor,
donde, desde hace unos años,
existe un Km 0 para llegar hasta aquí,
tras un recorrido de 1252 Kms.
Nos reconocerás porque todos, hasta los pequeños,
llevamos un pañuelo blanco y tu cruz roja.
Este pañuelo va indicando ya nuestra intención al venir aquí.
El color y la forma de la cruz llevan tu sello
porque venimos, en primer lugar,
a hacer un acto de RECONOCIMIENTO.
Reconocemos y admiramos
el importante papel que has jugado
en la historia de España y de Europa.
Pero, sobre todo, reconocemos y admiramos
tu cercanía a Jesucristo, el Señor.
Somos herederos de lo que tú y tus compañeros
visteis y oísteis en directo
de Jesús de Nazaret.
Vuestra fidelidad a lo que visteis y oísteis,
sellada con el derramamiento de vuestra propia sangre,
está floreciendo por todo el planeta,
como era el deseo de tu Señor
y Señor nuestro.
Apóstol Santiago,
este pañuelo lo llevamos anudado a nuestro cuello.
Este nudo apunta nuestro especial cometido al venir aquí.
Deseamos hacer un gesto explícito de HERMANAMIENTO
con esta sede compostelana.
Cuando nos tienta el individualismo,
que hace de nosotros un grito al vacío;
cuando al afirmar las diferencias nos situamos enfrente de los otros,
queremos proclamar, con este gesto,
lo mucho que tenemos en comunión.
Compartimos , en primer lugar, tu herencia,
la misma fe que nos hace hermanos.
Tu herencia, Apóstol Santiago,
nos ayuda a descubrir lo mucho que tenemos en común
y, desde ahí, nos invita a vivir con gozo nuestras diferencias.
Apóstol Santiago,
tú eres patrón de nuestros respectivos pueblos.
Eres, por tanto, nuestro particular modelo y punto de referencia
a la hora de vivir nuestra fe.
Tú, que fuiste apodado por Jesús, como “hijo del trueno”,
contágianos de tu coraje y apasionada entrega
en la obra del evangelio.
Tú, que fuiste testigo de excepción
en algunos momentos de la vida del Señor,
haz que nuestra fe se alimente
de una gran intimidad con Jesucristo.
Tú, que acompañaste a Jesús
en los duros momentos de la oración del huerto,
haz que nuestra fe se manifieste
en una especial atención a los heridos de la vida.
E non podíamos rematar a nosa invocación,
a invocación deste pobo do Mar Menor,
sin falar na lengua desta fermosa terra
na que Deus quizo que Ti, meu querido Santiago,
reposaras ata o fin do mundo.
Queremos lembrar a poetisa galega Rosalía de Castro,
a que no seu libro Follas Novas din:
Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
y eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentou,
que en día e noite sin cesar choraba
cal chorou Madalena na pasión:
“Señor, que todo o podedes,
-pedinlle unha vez a Dios-
daime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios e arrinqueino,
Mais… ¿quen pensara…? Despois
Xa non sentín máis tormentos
nin soupen que era dolor;…
Nos pedimosche Santiago que os cravos que atormentan a nosa sociedade
axúdenos a arrincalos para vivir unha sociedade sin divisións, onde o materialismo sexa soio un medio e non un fin, sin asesinatos de nenos que aínda non naceron, onde se recuperen os valores mais básicos do ser humano, un mundo en que o amor sexa bandeira da nosa vida. A ti, Santiago, invocámoste e en ti, Santiago, confiamos.
Reitero nuestro agradecimiento a esta iglesia, con quien compartimos el patrón, y, por ello, nos sentimos especialmente hermanos.
A ti, Santiago, te invocamos y en ti, Santiago, confiamos. AMÉN.